7 ilustres mazatlecas

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Cuando revisamos la historia de Mazatlán, podríamos caer en la confusión de que no había mujeres en el puerto, o si las había estas no salían de sus casas. La verdad es otra, ya que desde finales del siglo XIX y hasta el día de hoy, muchas mazatlecas, por nacimiento o adopción, han sacrificado su vida para mejorar al puerto en aquellos rincones donde los hombres no prestaban tanta atención. Las obras que realizaron han trascendido a sus nombres, ya que con excepción de quienes legaron una institución filantrópica a los mazatlecos, la mayoría de ellas han sido lamentablemente ignoradas por los medios y autoridades porteñas. Las siguientes mujeres son la muestra de que las mazatlecas son algo más que la belleza que inspiró a Enrique Mora su vals Alejandra y que es digna de uno de los monumentos más representativos del malecón. Seguramente faltarán muchas, solo espero que este sea un inició de un trabajo de la escala que estas distinguidas damas se merecen.

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1. Anna Agustina de Jesús Ramírez Heredia

Conocida en los libros de historia como Agustina Ramírez, la hija, esposa y madre de héroes muertos en guerra, su vida causó el interés de escritores y humanistas como Eustaquio Buelna y Ramón Corona. Nace en Mocorito en 1813, de padres indígenas de los que heredó su alta estatura y facciones toscas, se casó con un soldado liberal con quién hizo su hogar en el puerto. En 1859 muere su marido, Severiano Rodríguez, durante la batalla porteña del 3 de abril, en medio de la guerra de Reforma, quedando viuda a cargo de sus trece hijos. El hecho más recordado de su vida fue durante la invasión francesa, cuando llevó a alistar a todos sus hijos al ejercito, sobreviviendo de ellos solo uno. Moriría sola y en extrema pobreza en 1879.

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2. Romana De la Peña Inzunza

Llamada cariñosamente Romanita De la Peña, aquella que siendo huérfana de madre desde los seis años, se convertiría en la madre de cientos de mazatlecos que entraron en su orfanatorio. Nace en 1876, siendo su padre Antonio de la Peña, dueño de las diligencias que cruzaban el noroeste del país desde el puerto. Comenzaría su labor altruista con apenas quince años, cuando funda el Hospital San Vicente para indigentes y pobres (actual Hogar San Pablo), dirigiéndolo de 1891 a 1900. En 1903, con los estragos de la peste bubónica, se dio a la tarea de construir el Orfanatorio Mazatlán, organizando ferias y venta de comida durante el carnaval, hasta que consiguió abrir sus puertas en 1927, dirigiéndolo hasta su fallecimiento en 1958.

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3. Agustina Monterde Lafarga

Otra dama de la sociedad decimononica, amiga de batalla e intima de Romanita, junto a quién andaría sus primeros pasos filantrópicos la pionera de la educación en Mazatlán. Nacida en El Rosario en 1884, su obra personal estaría dedicada a la educación, comenzando como profesora rural en diferentes poblados de Sinaloa, hasta que regresó a Mazatlán donde fundó en 1921 el Colegio Independencia, por el cual recibiría en 1972 un reconocimiento a su trayectoria por parte del presidente de México. Cuando ya tenia ciento tres años se abrió en Mazatlán el Colegio que lleva su nombre. Moriría en 1989, a los ciento cinco años de edad, siendo recordada con el premio al merito femenino instaurado en 1993 con su nombre.

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4. Ángela Haas Canalizo

Descendiente de importantes políticos del estado y de México, incluyendo a un presidente, su abuelo Valentín Canalizo, la tía de Antonio y Laura Delia Haas antecedió a estos en sus trabajos altruistas. Junto con otras mujeres de la antigua alcurnia mazatleca fundó el Comedor de las Señoras de la Caridad en la decada de 1930, alimentando a niños pobres e indigentes, siguiéndole a esto el patronato para la construcción de la Cruz Roja en Mazatlán, creada en 1942, en donde nacería el Comité de Damas Voluntarias que existe en la actualidad, del que fue su primera presidenta, dedicándose a juntar recursos para la construcción de su hospital público en 1949.

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5. Lupita Castro

La pionera de la danza en Mazatlán, que después de la música es el arte más practicado y ovacionado por los mazatlecos, siendo la que inició a Nelly de Ponzo y Chayito Garzón, quienes después abrirían sus propias academias. Se piensa que nació entre 1906 y 1907, entrando en 1921 al recién fundado Colegio Independencia de Agustina Monterde. Durante un tiempo estudio danza en Los Ángeles, certificándose en esta profesión. A su regreso a Mazatlán fundaría la primera escuela de baile del puerto, ante la critica de las buenas familias mazatlecas, quienes veían como una indecencia que una mujer se dedicará al arte del cuerpo. En 1990 fue reconocida su trayectoria tanto por las autoridades porteñas como por el INBA, teniendo su propia estrella en el monumento a la mujer mazatleca.

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6. Lucila Medrano Olmeda

Nacida en 1924, su belleza la harían merecedora de dos reinados en el carnaval, el de los Juegos florales en 1940 y el del Carnaval en 1944, siendo este último uno de los más recordados en la historia porteña. Su coronación fue la primera en realizarse en el extinto Estadio Mazatlán, antes de que se cancelaran las fiestas con el asesinato del gobernador Rodolfo T. Loaiza en el hotel Belmar, durante el baile de disfraces. Este hecho, aunque ajeno a su obra, la siguió durante los años en los que se dedicaría a los comités femeninos de la Cruz Roja en Mazatlán, dirigiéndolos de 1969 a 1984, año en que se convierte en su Presidenta Honoraria Vitalicia. Cuatro años antes de su muerte en 1999, culminaría su obra con el hospital que lleva su nombre.

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7. Ana Isabel Sáenz Unger

Conocida en los medios como Anabella de Gavica, fue directora del DIF Mazatlán al ser su esposo alcalde entre 1993 y 1995, cuando ya tenia varias décadas dedicada a los más necesitados. Nació en 1940 y desde joven formó parte del comité juvenil de la Cruz Roja, hasta que en 1975, junto con otras reconocidas damas de la sociedad mazatleca, fundó el grupo Pro México, dedicado a la atención medica en personas de bajos recursos, en el que fungió como directora de Salud y Desarrollo Comunitario, promoviendo la creación de una clínica en 1979. Su obra fue reconocida con la medalla Agustina Monterde en 2008, después de morir ese mismo año, siendo la primera condecoración que recibió una de las fundadoras de Pro México.

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